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16/01/2012

Autre temps



Autre temps
Alcest

Une prière lointaine que porte le vent du soir
Anime les feuilles dans leur danse alanguie.
C'est le chant des vieux arbres entonné pour toi,
Pour ces bois obscurs maintenant endormis.
Sans nous attendre tant de saisons ont passé;
Les feuilles dorées s'en allant mourir à terre
Renaîtront un jour sous un ciel radieux,
Mais notre monde érodé restera le même
Et demain toi et moi serons partis.

28/12/2011

Disonancias



disonancia.
(Del lat. dissonantĭa).
1. f. Sonido desagradable.
2. f. Falta de la conformidad o proporción
que naturalmente debe tener algo.
3. f. Mús. Acorde no consonante.

Duel
Dariusz Klimczak 

Me siento tentado a escribir que 2011 fue un año difícil, un año en el  aprendí que la expresión “cómo duele crecer” forma parte del guión de una tragicomedia cotidiana. Me siento tentado, incluso, a hacer un recuento de todo lo que, desde la distancia, puedo observar como certeros embates de un miserable destino. Pero de momento recuerdo que por convicción nunca he creído en el destino, sino en el más puro libre albedrío (y esto no pretendo someterlo a discusión filosófica). Entonces prefiero no tocar el tema de aquello que, en realidad, no posee una explicación. Alguna vez le dije a Montes de Oca: ya no quiero encontrar culpable ni razón alguna, sino aprender a vivir con ello. Y mientras conversaba con Stefano, coincidíamos, cada uno por distintos motivos, el modo en que habría que comprender este año: como un tránsito necesario para llegar a aquello que permite algo nuevo (¿se me volvió a colar el destino?, ¿una forma de determinismo?, ¿el inicio de un rito de iniciación?). Habrá que ver si es cierto.

Con la etiqueta epimeleia heautou (del griego, que significa “cuidado de sí”, para aquellos que no tienen por qué saber de filosofía) he reunido breves textos sobre mi relación conmigo mismo, no desde la más absoluta egolatría, sino como resultado de un ejercicio de análisis filosófico y psicoanalítico. Análisis que decidí comenzar por muchas razones que no podrían (ni deberían) ser resumidas aquí. Y, por supuesto, lo que he descubierto en dicho análisis no está expresado en estos breves textos, porque no creo que a todo lector le incumba ni a mí me interese darlo a conocer públicamente (ni sé si lo que descubro es una obviedad, una sinrazón o un mero accidente). Sólo podría decirse que, como parte de ese análisis, implica reconocer que las disonancias –definidas por Adorno en teoría musical como “el sostén más esencial de la expresión, símbolo del dolor y el sufrimiento”– son irremediablemente necesarias para dar lugar a aquello que no podría entenderse de otro modo.

Me detengo, reflexiono y doy lugar a una propia refutación (regreso a lo ya antes pensado, una y otra vez, para después recordarme que debo dejarlo atrás): en realidad no fue un mal año en todos los sentidos, sería un error de perspectiva tratar de etiquetarlo de un modo negativo, como si todo fuera blanco o negro. Por supuesto, las constantes disonancias con respecto a una armonía no establecida, sino sólo asumida, dan lugar a una perspectiva así, pero que no puede servir como reflejo metonímico. Mientras que el año pasado, de un modo casi ingenuo, aseguraba estar en una etapa de tranquilidad donde todo marchaba viento en popa, en este año logro comprender que los altibajos están a la orden del día; que la rueda de la fortuna, como está ya escrito, siempre crece y decrece como la luna (y, una vez más, se introduce algo que tiene que ver con el destino). Tal vez, ni siquiera lo dimensiono correctamente: no es que me haya ido mal, no es que el año haya sido difícil, es que me doy cuenta de mí mismo como parte de una totalidad y me hago consciente de aquello de lo cual no era. Esa es la parte más difícil. 

15/12/2011

Bubble





Bubble
King Creosote & Jon Hopkins

I won’t let you fall, as low as I been
I promise to crawl until I’m back on my feet
If something went wrong, just think of me
If something went wrong, don’t you know I’d be here
So who’s been unfair, Who causes you sorrow?
And who’s been unkind, Who burst you bubble?
And who drags you down, down, down, down?
Who handed out lights?
And now I’m in trouble
I won’t let you fall, As low as I been
I promise to crawl, Until I’m back on my feet
If something went wrong, just think of me

12/12/2011

Deform to form a star


Deform to form a star
Steven Wilson

Oh once in a while
I learn how to smile
Horses shadows and rain on stone

No god here I'm sure
This must be the cure
For all this carrion and aimless drift

Retreat from the begging
And invites to the wedding
Revelation means nothing here

In time we forget our need to devour
All the stories of tortured souls

Crawl into your arms
Become the night forever
Coiled and close, the moment froze
Deform to form a star
Here on earth together
I got time to share and a well used stare

This smile isn't pure
Certain or sure
Cold precision was never there

The way we uncoil
Return to the soil
Flaws are everything and chaos reigns

28/11/2011

Acotaciones filosóficas


Al margen se ubican las acotaciones (filosóficas): notas que encaminan al autor y al lector desde la explicación a la comprensión; serie de señalamientos, advertencias y recordatorios que lidian contra la dispersión de la memoria; fragmentos de carácter metonímico que se vinculan con una totalidad abierta de sentido; analogías y metáforas que expanden los límites de un texto; apéndices que se añaden al final de una obra inacabada; recapitulación que pone sobre la mesa nuevas dudas, cuestionamientos y aporías.


23/11/2011

El académico

Ese es el libro que hace falta escribir: El académico. En él se compilarían una serie de consejos y principios que ayudarían al joven académico a desarrollarse en el mundo intelectual. Se le transmitiría un conocimiento enfocado en lo pragmático, que le permitiera desenvolverse en el vasto escenario de la intelectualidad, adquiriendo y conservando dos aspectos fundamentales: el poder y el prestigio. Por supuesto, en sus páginas no se encontrarían cuestiones en torno a la importancia de la investigación, la formación o el compromiso ético con la sociedad. Esos serían meros embellecimientos del discurso académico que poco o nada tienen de relevantes. En cambio, el énfasis estaría marcado en las estrategias y tácticas por medio de las cuales el académico puede aumentar, nuevamente, el binomio por excelencia: el poder y el prestigio. En esta medida, este libro se enfocaría en los compromisos políticos, la lógica del “toma y daca”, las grillas y la cháchara que permite la insociable sociabilidad entre los investigadores.

Esta breve sátira no sólo pretende burlarse de un escenario común del mundo intelectual, sino denunciar algunas de las prácticas que se viven en él (para los que ya viven inmersos en ello, esto no representa novedad alguna). Quienes de un modo u otro nos desarrollamos en un medio así, toda posible idealización del mismo nos parece de una maravillosa y virginal inocencia o de una tremenda y pavorosa estupidez. La academia, al fin y al cabo, es una virtuosa institución que padece de múltiples defectos. Un mal necesario e ineludible, dirían algunos. Y se configura de este modo no porque en sí misma esté corrompida, sino porque la lógica que se ha establecido al interior de ella sólo refleja el malestar de una sociedad conformada por la competencia, la arrogancia y la más pura rivalidad. Guiada por una racionalidad instrumental (de constante uso y abuso) que ha llevado al intelectual a pervertirse en un ser ávido por el diabólico binomio del poder y el prestigio. Binomio obtenido por los peores medios y que, al final y en el peor de los casos, lo terminan convirtiendo en un ser mediocre.

Seguramente no todo es tan pesimista y negativo como podría concluirse del modo en que lo retrato aquí, pero tampoco me dejaré convencer de las bondades y fantasías que algunos quieren imaginar. Ciertamente, así como hay quienes se comportan al más puro estilo maquiavélico, llegando a empeorar gracias al cinismo más absoluto, y terminan haciendo uso de los otros, persiguiendo no el reconocimiento intelectual por los logros alcanzados sino por el abuso del poder, también existen quienes han logrado sobrevivir a ese mundo. Estos últimos deberían juntarse todos y escribir una serie de ensayos que compilados conformaran el volumen colectivo Sobrevivientes: cómo ser parte de la academia y no morir en el intento. Mas no hay que engañarse: el conocimiento y el poder, el prestigio y la intelectualidad están estrechamente vinculados. Pensarlo de otro modo podría generar una bella utopía, pero nada más. Y es que resulta imposible desarrollarse académicamente sin recurrir, en ocasiones más y en ocasiones menos, a la vulgar lógica que domina este medio.

Este comentario, que surge de diversas experiencias acumuladas por los años, no implica una claudicación, una renuncia o una verdadera decepción. Quienes me conocen lo sabrán (o al menos lo supondrán), la academia, con todas sus virtudes y sus defectos, con sus maniqueísmos y maquiavelismos, es un medio al que pertenezco y al que tendré que adaptarme al más puro estilo darwiniano: desarrollando mecanismos de defensa. 

04/11/2011

Breve glosario hermenéutico

Un congreso de filosofía deja muchos conocimientos, algunos buenos y otros malos. En la mayoría de los casos, uno aprende por vía negativa. Este breve glosario (que sólo compila la primera parte de lo que, seguramente, será una larga lista de definiciones y términos interconectados entre sí) ayudará al joven hermeneuta a distinguir todo aquello que no debe ser/hacer durante su trayectoria filosófica.

Problema de comprensión lectora: atribución que un sujeto realiza sobre otro que no le comprenda, ya sea textual u oralmente. Generalmente se diagnostica después de un fuerte debate entre dos individuos de oídos sordos y palabras necias. A veces se acompaña de una fuerte pretensión de verdad absoluta.

Complejo del hermeneuta multifuncional: se caracteriza por la adopción de un método cualquiera que éste sea para interpretar una amplia diversidad de campos desconectados entre sí y que generalmente son desconocidos por el hermeneuta (en la mayoría de los casos este complejo se acompaña de un problema de comprensión lectora que puede implicar una violencia interpretativa).

Violencia interpretativa: acción voluntaria o involuntaria que un intérprete lleva acabo sobre un texto por medio de la cual se despierta la molestia de un heideggeriano o un anti-heideggeriano (o cualquier miembro de otra denominación filosófica que cause fanatismo). Comúnmente la violencia interpretativa se presenta entre ambos contrincantes que se acusan mutuamente del mismo padecimiento.

Alucinación dialogante: sensación subjetiva que el hermeneuta padece la cual le hace pensar que se encuentra en constante comunicación con los otros, cuando en realidad todo lo reduce a su mismidad (se trata de un síntoma presentado en el síndrome de la mónada hermenéutica).

Trastorno de personalidad interpretante múltiple: perturbación que el hermeneuta sufre cuando, de modo arbitrario, toma la postura que en un primer momento era el contrincante interpretativo. Al más puro estilo de Zelig, el hermeneuta termina no sólo dándole la razón al otro, sino tomando su punto de vista y afirmando, incluso, que en el fondo están diciendo lo mismo.


Víctor M. Arratia Méndez
Jaime Ruíz Noé



31/10/2011

Al aprendiz de filósofo [JRN]


Sosteniendo libros creíste que no te vería, pero ya te tenía en la mira.
Me hablaron de tu herejía pareciéndome mentira.
Constaté lo que me decían y te quería.
Leí de la analogía ¡Qué complicada terminología!
Pero, ¿dónde me incluyes en tu ontología?
Tengo que ser parte de tu cripto-teología

Descansabas el domingo cuando te llevé conmigo.
No te haría falta tu negro abrigo.
Estando ICA de testigo, todo sería como digo:
Siendo filósofo edificarías mi colegio.
Escribiendo en mi nombre caerías en sacrilegio.
¡Aumentarías mi prestigio! ¡Qué privilegio!

Pero con tus preguntas constantes me dejaste encabritada.
Hablaste de Dios y me dejaste alborotada.
Mejor te dejé contarme del ídolo y me dejaste adormilada.
No contaba con tu escapada.
Juro que no me dejarás abandonada.
Prepárate que te perseguirá la calaca de la filosofía pasada…


Itzel Casillas Avalos 

[ICA]





22/10/2011

Nocturno de la estatua



Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las flechas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: «estoy muerta de sueño».


Xavier Villaurrutia



Estatua de Atenea en Antwerpen, Bélgica.
Por Nils van Rooijen


17/10/2011

Arremeter contra un Dios que no existe

“Sin Dios mi obra quedaría incompleta”
- José Saramago -

Caín (2009), la última novela de José Saramago, ha resultado ser una verdadera decepción literaria para mí. Me sorprendió de sobremanera que un escritor y pensador como Saramago, que realizó críticas muy inteligentes a muchos ámbitos de la cultura y fue el autor de grandes novelas como El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres, pudiera llegar a escribir una novela tan malograda. Me explico.

Años atrás Saramago realizó una lectura distinta del Evangelio, una lectura que reflejaba la comprensión del hombre moderno del acontecimiento de la muerte de un hombre llamado Jesús de Nazaret que, según el cristianismo, es hijo de Dios. La genialidad del autor consistía en leer los evangelios como documentos históricos y colocar, entre los diversos huecos y vacíos de la historia, su comprensión de los hechos, al modo en que cualquier novela histórica está construida. Jugar con lo que ya está escrito para, de manera sutil, reescribirlo. De este modo, el autor se tomaba en serio la historia, pero la resignificaba (como también lo hizo Scorsese con La última tentación de Cristo del escritor Nikos Kazantzakis).

En Caín, sin embargo, no se presencia esa genialidad que distinguió a Saramago. El nobel no invita a realizar una nueva lectura de Caín como personaje bíblico. No nos lleva a una comprensión distinta, tal vez contemporánea, de aquellos relatos. Tampoco busca demostrar lo absurdo que son dichos relatos leídos como documentos históricos (eso se lo dejamos a Ranke-Heinemann). Simplemente arremete, en ocasiones de la manera más visceral, contra todo libro bíblico, todo personaje y, por supuesto, contra su más fiero enemigo: Dios. De hecho, en muchas ocasiones el texto se vuelve inverosímil, no por el tono sarcástico que lleva impresa toda la novela (que, por cierto, resulta de mal gusto comparado con un Mark Twain, quien también ejerció el sarcasmo y la ironía sobre los relatos bíblicos en sus Escritos irreverentes), sino por otros recursos literarios: sus inserciones en calidad de autor que rompen con la trama de la historia, la alteración de lo que ya estaba escrito sin tener el cuidado de introducirse para reescribirlo o el abrupto final que no lleva a nada. Aquí no se trata ya de insertarse en lo no dicho o lo que ha quedado sin aclarar, sino transgredir por el mero hecho de transgredir.

Lo único que Saramago parece reflejar en su última obra son sus más profundos rencores contra lo que él mismo sostiene es un Dios inexistente y un libro disparatado. Hay una furia absoluta hacia la Biblia leída desde la más plena literalidad. Efectivamente, Saramago afirmó que el error de sus lectores fue el de tratar de encontrar segundas lecturas en su novela cuando no las hay. Pues bien, creo que esto es precisamente lo que empobreció radicalmente su trabajo: la ausencia de una segunda lectura que permitiera encontrar fisuras en el relato, nuevas interpretaciones, aperturas de sentido. El exceso de literalidad, no sólo en la lectura de la Biblia, sino en su obra, mata el espíritu. Mientras que obras como Ensayo sobre la ceguera aleccionaban sobre la condición humana, Caín sólo busca pegarle a la religión (a veces muy desesperadamente). Si en El evangelio según Jesucristo el lector podía cuestionarse: ¿y si en realidad todo hubiera sido así? (lo cual, hasta cierto punto, no importaba definir, pues nada de lo que está escrito en la Biblia puede ser definido como verdadero o falso), en Caín no existe esta posibilidad. Lo repito: de principio a fin la novela me pareció brutalmente inverosímil.

Pero yendo más allá de una reseña o crítica literaria, la pregunta que me queda rondando por la cabeza es: ¿por qué Saramago, que afirmaba la no existencia ni la necesidad de creer en un Dios, ataca de esa forma un texto como la Biblia, considerada por él mismo como “el libro de los disparates”?  Saramago llegó a afirmar sobre Caín: “Quería escribir sobre algo que sigue siendo para mí incomprensible y dado el comportamiento de Dios en una situación como esa, se repite a lo largo de la Biblia, la misma indiferencia y también la misma crueldad, es por eso que digo que Dios no es de fiar.” No obstante, si uno asume radicalmente la no existencia de Dios, como en más de una ocasión lo hizo el nobel portugués, no tiene sentido arremeter contra él. Si Dios no existe, entonces no tiene sentido atacarlo. Cosa distinta sería, en todo caso, criticar a aquellos que creen en él o a aquellos que hacen uso los textos bíblicos y de la supuesta palabra de Dios para manipular a los demás. Leer la Biblia literalmente y mezclar la ficción del autor, con un sarcasmo rencoroso, demerita profundamente la creación literaria. Es una lástima que los rencores de Saramago hayan podido cegar lo que, en principio, parecía ser una buena idea.

El caso de Saramago me lleva a reflexionar sobre la última (inútil) discusión que tuve con M, pues, en gran medida parecen repetir la misma crítica desde los mismos lineamientos. Me di cuenta de que alguien que posee como principio rector de toda crítica el atacar directamente la religión, resulta por completo imposible hacerle comprender nuevos puntos de vista. He prometido solemnemente no volver a discutir con él sobre esos temas (no sé con seguridad si lo cumpla), sobre todo porque me da la impresión de que de entrada me descalifica como alguien que buscará defender la religión (cosa que me tiene sin cuidado). Al modo en que lo hace Saramago, M niega la existencia de Dios, pero al mismo tiempo arremete contra el texto bíblico a partir de la más plena y absoluta literalidad.

Un ejemplo burdo: supongamos que yo arremetiera constantemente contra lo estúpidos que fueron los griegos al creer que Zeus arrojaba rayos al mundo, cuando en realidad sabemos que se trata de un fenómeno de la naturaleza. Obviamente, el único errado seré yo, por tomar como literal aquello que no lo es y criticarlo desde ahí, aspecto que primero doy por sentado para demostrar lo estúpido que resulta. Este procedimiento de crítica del fenómeno religioso —no sólo a la tradición judeocristiana sino de toda religiosidad—  es un juego de niños. Nadie que se dedique a los textos religiosos, desde el pensamiento filosófico y sin objetivos teológicos, puede hacer el intento de sostener que dichos relatos son verdaderos en su más plena literalidad.  

Ahora bien, alguien puede afirmar que las mismas instituciones religiosas que buscan tener el control sobre los creyentes realizan una lectura literal para someter y dominar a los fieles. Cierto, esto es innegable y me parece apremiante criticar y cambiar. No obstante, si la molestia va por ahí, se debe aprender a distinguir: la crítica debe encaminarse a las interpretaciones, que siempre anteceden a todo uso, de los textos. Pues, en vez de dirigirse a criticar dichas interpretaciones y malos usos, arremeten contra un supuesto Dios que, de entrada, ya negaron su existencia. Sería tan absurdo e infantil como sostener que Santa Claus no existe para después quejamos de que no nos trae regalos.

Nunca me han gustado las tesis que quieren encontrar en todo una supuesta proyección de los conflictos del individuo que realiza una crítica. Sin embargo, debo admitir que las críticas viscerales que he observado en más de un denominado “irreligioso” o “ateo”, sólo me conducen a reconocer en ellos una fuerte decepción religiosa, un conflicto personal que no logran resolver y que les hace atacar desde el más puro sentido común el imaginario religioso. El verdadero ateo no debería pelear contra un Dios que de entrada no existe, sino contra las instituciones que sostienen interpretaciones malversadas con base en una serie de textos que permiten una infinidad de interpretaciones (tanto buenas como malas).


Saramago me observa y cuestiona:
"¿Y quién se cree usted para andar criticando mi obra?"