Para los que estamos inmersos en una cultura eminentemente católica-romana, el relacionar la anarquía con el cristianismo resulta una contradicción. En la jerarquía romana es indiscutible quién posee el poder, cómo es que lo distribuye y su autoridad resulta infalible para la comunidad de fieles y creyentes. Para la Iglesia Católica romana, la ausencia de un soberano resulta impensable e indeseable. La ausencia del poder político-religioso, que erige la figura del Papa, implicaría desorden y confusión.
No obstante, el filósofo-teólogo-politólogo francés Jacques Ellul, en su libro Anarquía y Cristianismo, presenta una tesis interesante. Para Ellul, el cristianismo, tal y como fue concebido en los primeros cuatro siglos del movimiento, era un movimiento anarquista. Incluso, el autor considera que esta postura anarquista no es sólo producto del movimiento de Jesús de Nazaret (personaje histórico poco inteligible) sino desde los primeros textos bíblicos del Antiguo Testamento.
Para Ellul, el cristianismo no persigue eliminar al poder político, sino demostrar que el poder político es “vanidad de vanidades”. La postura cristiana invita a ir en contra del poder político porque es obra del diablo (etimológicamente de diabolos, que no es un personaje de cola y cuernos, sino que significa “divisor”). “El gran factor de división es el Estado y la política”.
Así, el filósofo francés se da a la tarea hermenéutica de interpretar, a la luz de una teología anarquista, algunos pasajes del texto bíblico, veterotestamentario y neotestamentario. Desde la liberación del pueblo judío de la opresión en Egipto narrada en el Éxodo, pasando por el “Dad al César lo que es del César” del Evangelio y terminando con el cuestionamiento del poder político romano del Apocalipsis, Ellul considera que el mensaje de fondo es uno y siempre el mismo: la liberación de todo poder, sea éste político, religioso y económico. El Dios de la tradición judeocristiana es un Dios libertador antes que creador.
Ya en ocasiones, algunos se habían dado a la tarea de considerar que el cristianismo es una postura política y ética antes que religiosa (o, tal vez, en la medida en que es ético-político es religioso) y a pesar de que Ellul hace verdaderos esfuerzos de interpretación que, en ocasiones, resultan algo complicados, la imagen que presenta del cristianismo es muy distinta al que presenciamos hoy en día y resulta verdaderamente fascinante. Nos muestra un rostro del cristianismo que se aleja del imperialismo de algunos grupos religiosos. Una imagen que vale la pena seguir pensando.
Post-Scriptum
Dos imágenes. La primera (izquierda) pertenece al siglo VI, denominada como Cristo militante («Ego sum via, veritas et vita»), de la capilla arzobispal en Ravenna. En dicha imagen, Cristo es representado como un legionario, un gerrero. Sus ojos reflejan una postura militante, distinta a la imagen del martir que se volvió común en Occidente. También, es representando pisando a una serpiente, que es el símbolo del mal. Esta imagen contrasta con la segunda imagen del Cristo rey, imagen que surgió de la fiesta del mismo nombre que proclamó Pio XI en 1925, en la cual el poder político hizo uso de la figura de Jesús de Nazaret para añoranza del poder monárquico. Son contrastes que reflejan distintas visiones del cristianismo. ¿Cuál corresponde a la época posmoderna?
Ficha bibliográfica:
Ellul, Jacques. Anarquía y cristianismo, trad. Javier Sicilia, México: Jus, 2005, 144 pp.
JRN