“Comienza el fin de la era imperial”. Aceptar esta frase sería creer que el mundo nació hace 8 años; que fue George W. Bush el primer presidente de los Estados Unidos quien los dirigió a un régimen imperialista; implicaría pensar que todo, como en las malas películas de Hollywood, se compone cuando el héroe aparece en escena.
Disculpen los optimistas -esos del pensamiento positivo- pero tengo profundas dudas acerca del mesianismo con el que los medios de comunicación envuelven al nuevo presidente de los Estados Unidos. No cabe duda que su llegada a la Casa Blanca es significativa, por ser el primer afroamericano. Aunque, si nos ponemos radicales, este es uno de los avances de los que sólo se puede jactar Occidente de haber alcanzado y lo etiqueta como “progreso”.
No obstante, antes de elevar a alguien al imaginario colectivo, convertirlo en santo patrono de los americanos y pensar que todo cambiara mágicamente, sería bueno recordar la historia de ese pueblo norteamericano, la cual no ha sido otra que la historia de muchas guerras, injusticias y represiones. Un imperialismo que no nació ayer, ni hace una década, sino que inició con la colonización llevada a cabo por los ingleses y que no ha terminado desde entonces, aunque se le nombre con palabras distintas.
Disculpen el pesimismo (para otros, realismo) del comentario.
JRN

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