11/06/2009

Senderos de la hermenéutica filosófica

En su veta propiamente filosófica, la hermenéutica adopta la forma de una filosofía universal de la interpretación, a diferencia de su aplicación metodológica que pretende guiar las interpretaciones de los textos. Esta veta filosófica implica reconocer a la comprensión e interpretación, no como procesos que se encuentren únicamente en la labor de las ciencias humanas y sociales, sino como procesos que se encuentran presentes en todas las facetas y dimensiones de la vida humana. El ser humano es, entonces, un ser interpretativo. Precisamente, en este sentido, el filósofo canadiense Jean Grondin tiene razón al mencionar que: “La hermenéutica es una manera de hacer filosofía y no una escuela”.

Vale la pena plantear la siguiente hipótesis: la hermenéutica sólo puede posicionarse como una reflexión filosófica cuando ésta se ve atravesada por la influencia del existencialismo, por una reflexión que se ve centrada en el significado de la vida y sus condiciones de posibilidad. 

No hay que olvidar que el panorama intelectual de la época en la cual surge la hermenéutica filosófica se veía influenciado por autores que provenían del existencialismo o que su obra había sido leída desde dicha perspectiva (cosa que con otros autores hubiera sido imposible). Por otra parte, Hans-Georg Gadamer ha confesado en varios de sus textos que su preocupación hermenéutica no iba por el sendero estrictamente metodológico de las ciencias del espíritu (a diferencia de Dilthey), sino enteramente filosófico, como una reflexión que influyera más allá del terreno cognitivo. Otro caso similar es el de Luigi Pareyson, maestro de Gianni Vattimo (el cual me atrevo a mencionar que influyó más en éste último de lo que lo hizo Gadamer), quien estaba ampliamente influenciado por el existencialismo y su hermenéutica refleja dicha influencia, al mismo tiempo que Vattimo.

Bien se pueden dar otros ejemplos más de la íntima relación entre autores existencialistas y hermeneutas contemporáneos (so pena de fastidiar al lector de este post). No obstante, lo que en último caso compete remarcar es que la hermenéutica filosófica es la heredera directa del existencialismo (tal vez no la única, pero sí la más importante) y los autores que aún se dedican a la reflexión hermenéutica, en sentido filosófico, pretenden continuar por esta vía que relaciona el sentido de la existencia con la comprensión e interpretación como procesos fundamentales de la vida humana. Nuevamente, recuperando a Grondin, la hermenéutica filosófica es una reflexión que pretende descubrir el/los sentido(s) de la vida misma, pues, de lo contrario… ¿qué sentido tendría ésta?

Otro gato cartesiano preocupado por su existencia.

1 comentarios.:

Esponjita dijo...

¡ah esos gatos cartesianos!
Y yo, que estoy aquí enterrada entre puros textos aristotélicos y de comentadores de Aristóteles, sólo puedo traducir el asunto así:
Si la dialéctica (en estricto sentido de Platón) pretendía llegar, a través de su ejercicio, a alcanzar los primeros principios, la hermenéutica es una especie de dialéctica que asume el que sus resultados no llegan a ningún lado, sino que son ellos mismos. Ella no es la vía hacia los verdaderos principios de la realidad, sino que es ella misma la realidad. Es nuestra esencia y nuestra existencia, y no sólo el puente a la verdad.
Peor, y por eso es existencialista (supongo): lo que creímos siempre que era un simple puente, resultó ser las dos orillas.

En fin. Me gustan los gatos cartesianos. Por ahí hay una frase de Borges, nomás que no me acuerdo en qué cuento, donde dice que los gatos jamás han visto una casa, no tienen idea de qué es eso: pero jamás se perderían dentro de ella (bueno, ok, lo admito: ahí la que debería preocuparse cartesianamente por su existencia es la casa... en fin)

Saludos aristontélicos